Levántate, de Isabel Amechazurra





Si tú culpable fuiste, pobre alma,
¿quién el culpable fue de tu demencia?
No tiene el mundo la dorada palma
que al mundo le pediste en tu inocencia.

¡Adórnate de luces y de galas!
Ya es tiempo que despiertes a la vida,
que al sol del porvenir tiendas las alas
y le des al amor la bienvenida!

¡No te arredre la inmensa lejanía!
¡Cobra aliento en la fe que te domeña!
Allá, sobre la cumbre, tiene el día
su aurora tropical, blanca y risueña.

Fabrica tus altares con el oro
de que es rica tu fe, valiosa y pura,
y deja sobre el ara tu tesoro;
los gajes de mi amor y mi ternura.

Y ruja el vendaval; sobre las sienes
aureola de paz la dicha afianza...
El mundo, ¿qué te importa?, ¡si ya tienes
tu hogar, y tu ventura, y tu esperanza!


Fuente: Parnaso antillano.
** La edición es mía.

Photo via Visualhunt

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