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El sol, de Adelina Mariño



Del sol bendigo el luminoso rayo,
que quizá va marcando mi destino…
Luz divina que das al peregrino
pomas rosadas en el fértil mayo.
Quiero tu luz para alumbrar mi senda
cegada por el oro de tu gloria…
De tu gloria sin par, que abrió en la Historia
mundo generoso de leyenda.
Quiero envolverme en tu dorado manto,
ofrendarte el lirismo de mi canto,
y en el claro alborear de una mañana,
si audaz te acercas a mi tibio nido,
sentir que tu caricia me ha dormido,
al penetrar sutil por mi ventana.

Fuente: Poetas jóvenes cubanos.
** La edición es mía.

Photo via VisualHunt

Las hijas de Ran, de Juana Borero



Envueltas entre espumas diamantinas
que salpican sus cuerpos sonrosados
por los rayos del sol iluminados,
surgen del mar en grupos las ondinas.
Cubriendo sus espaldas peregrinas
descienden los cabellos destrenzados,
y al rumor de las olas van mezclados
los ecos de sus risas argentinas.
Así viven contentas y dichosas
entre el cielo y el mar, regocijadas,
ignorando tal vez que son hermosas
y que las olas, entre sí rivales,
se entrechocan, de espuma coronadas,
por estrechar sus formas virginales.


Fuente: Parnaso antillano [1].
** La edición es mía.


Photo via Visualhunt.com



[1] En el original dice “hijas del Ran”.

Media noche, de Emilia Bernal



Flota en la noche como una
balada de ensoñación.
Está muy blanca la luna
y muy triste el corazón.
Y aunque el céfiro deslíe
el perfume de las flores
en un ambiente de amores,
el corazón no se ríe.
Y aunque muy ledo suspira
el seno de la montaña
como si un gnomo en su entraña
pulsara su agreste lira;
y todos los jazmineros
balancean su blancura
suavísimos y ligeros;
y aunque rueda en los alcores
la onda movible del viento
cual si de un pecho el acento
buscara su eco de amores;
y como airón de consuelo
atraviesa blanca nube
el cristal azul del cielo;
y aunque sonora la fuente
en sus perlas desgranando
en el tazón, dulcemente,
sigue el corazón llorando.
Le responde solo un grito
en melancólico dúo,
el grito largo de un búho
que atraviesa el infinito.


Fuente: Parnaso antillano.
** La edición es mía.

Photo credit: AlexandreRoux01 

A Rosa, de Lola Rodríguez de Tió




Tu nombre es el de la flor,
que reina de los jardines,
vence a lirios y jazmines
en perfumes y en color.

De la flor que en la pradera,
al ver Flora tan hermosa,
dijo: ―Entre todas, la rosa
quiero que sea la primera.

Tu nombre el conjunto encierra
de la mujer y la flor:
belleza, perfume… amor…
único bien de la tierra.

Tienes el nombre, el encanto
de la reina del pensil,
y no es la flor tan gentil
como tú, ni vale tanto.

Caracas, 1882.


Fuente: Claros y nieblas (1885).
** La edición es mía.

Photo via VisualHunt.com

A mi padre al conocer la casa que le vio nacer, de María Luisa Rodríguez



¡Aquí están, padre amado, ya hemos visto,
la santa casa donde tú naciste,
las rocas que de niño tú escalaste,
los sitios que en tu infancia recorriste,
y los rincones donde tú jugaste!

Aquí está todo igual: la escalerilla
que conduce al granero, las tuneras,
el campo siempre fértil cultivado,
y la cueva y la era. ¡Si los vieras
dijeras que los años no han pasado!

Aquí está todo igual: allá a lo lejos
el mar lanza sus olas con orgullo,
¡parece que a la dicha nos convida!
¡parece que nos besa con su arrullo!
¡parece que nos da la bienvenida!

Aquí están tus amigos todavía,
y, ¡con cuánta ventura recordaron
las horas que a tu lado transcurrieron,

Cinco poemas dictados por un espíritu a Josefa Díaz

En las últimas décadas del siglo XIX y en las primeras del XX se dio un auge de ese fenómeno que conocemos como espiritismo. Por ello, no es demasiado extraño (aunque sí lo es un poco) que en 1874 viera la luz una obra como Flores del espiritismo, que, según anuncia la portada, fue atribuida al “espíritu protector” de la joven cubana Josefa Díaz. Por su interés documental y cultural, adjuntamos a continuación el prólogo del padre de esta poeta, o médium.

Aurelia Castillo

Foto de la escritora cubana Aurelia Castillo


Aurelia Castillo Castillo de González, nació en 1842 y falleció en 1920. Fue escritora, traductora, periodista y editora, además de una gran promotora cultural. En 1910 impulsó la fundación de la Academia Nacional de Artes y Letras de Cuba.

En 1874 se casó con el militar español Francisco González del Hoyo, quien poco después fue expulsado de la isla por su simpatía con las ideas separatistas. Castillo emigró junto con él. El matrimonio vivió unos años en España y Estados Unidos antes de volver a Cuba. Castillo enviudó en 1895 y volvió a ser expulsada de la isla por sus ideas separatistas y antiesclavistas. Además de España y Estados Unidos, viajó por Italia, Suiza, Francia y México. De sus andanzas resultarían
varios relatos de viaje.

Dedicatoria y autógrafo de Castillo.

Colaboró en numerosas publicaciones periódicas de la época, como El Camagüey, Cuba contemporánea, El Fígaro, La Habana Elegante, El País, El Progreso, El Pueblo y Revista Cubana, etc., en cuanto a las nacionales, y Cádiz, Crónica Meridional y El Eco de Asturias, de España. Castillo tradujo La figlia di Jorio, de Gabriele D´Annunzio. También dedicó sus esfuerzos a compilar, editar y comentar la vida y la obra de compatriotas suyas, como Nieves Xenes –de quien ya hemos hablado en este blog–, Mercedes Matamoros, las hermanas Borrero –ya comentamos algo sobre Dulce María– y Gertrudis Gómez de Avellaneda. Se dice que estuvo a cargo de la primera edición de Obras completas de José Martí. Castillo escribió fábulas, poemas, cuentos, biografía, cartas, ensayos, notas periodísticas, relatos de viaje, y una obra de teatro. De ésta sólo se conoce el título.

Castillo fue y sigue siendo una de las intelectuales más importantes del panorama artístico y cultural de Cuba.


Dulce María Borrero en Arpas cubanas

Esta escritora nació en 1883 y falleció en 1945. Fue bibliógrafa, poeta y educadora. Provenía de una familia de escritores: su abuelo fue Esteban de Jesús Borrero; su padre fue el célebre educador, poeta y médico Esteban Borrero Echeverría, considerado un precursor del modernismo cubano; Dulce María y Juana, su hermana –figura muy importante, de quien hablaremos más adelante en este blog–, también formaron parte de la élite intelectual de Cuba.

Debido a las simpatías políticas de su padre, partidario de la independencia cubana, los Borrero tuvieron que abandonar Cuba. Vivieron un tiempo en Estados Unidos y en Costa Rica, antes de volver a su patria, en 1899. Entonces Dulce María comenzó a destacar en su horizonte cultural. Recibió varios premios y distinciones. Además, sus escritos circularon en publicaciones periódicas, como Revista de Cayo Hueso (Estados Unidos), Revista Cubana, Cuba Contemporánea, El Fígaro y Revista Bimestre Cubana.

Postal de 1907 autografiada.
Fuente: Havana Collectibles

En Cuba dirigió,

Lola Rodríguez en Arpas cubanas

María Dolores Elena Patricia Rodríguez de Astudillo y Ponce de León, mejor conocida como Lola Rodríguez de Tió, fue una poeta y activista puertorriqueña nacida en 1843 y fallecida en 1924. Por la línea materna, descendía de Juan Ponce de León, el conquistador español que llegó a ser Gobernador de Puerto Rico. Su vida transcurrió entre Puerto Rico, Cuba, Venezuela y Estados Unidos, y su obra es considerada parte de la literatura cubana tanto como de la puertorriqueña. Fue nombrada miembro de la Academia de Artes y Letras de Cuba en 1910. Además, es una precursora del feminismo y los derechos de la mujer.

En 1863, a sus veintidós años, Rodríguez se casó con el escritor y periodista Bonocio Tió Segarra. Debido a sus inclinaciones políticas, opuestas a las del régimen español, Rodríguez y Tió fueron expulsados de Puerto Rico y se trasladaron a Venezuela. Unos años después volvieron a Puerto Rico, pero pronto fueron perseguidos de nuevo y se mudaron a Cuba, en donde participaron activamente en la vida política y cultural de la época. Una vez más, su activismo los obligó a buscar asilo en otro país, que resultó ser Estados Unidos. Desde 1892, estando en Nueva York, Rodríguez y Tió apoyaron los movimientos independentistas cubano y puertorriqueño. Más tarde volvieron a Cuba, en donde Tió fallecido en 1905. Rodríguez volvió a Puerto Rico, en donde permaneció hasta su muerte. En el videominuto de Autógrafo TV que ponemos a continuación puedes ver algo sobre la importancia de esta autora.

Rodríguez fue una escritora muy prolífica. Publicó en vida algunos libros de poemas, además de que varios textos suyos circularon en numerosas publicaciones periódicas. Uno de sus escritos más famosos es "La borinqueña", considerado el "himno revolucionario" de Puerto Rico. En 1903 se eligió una letra más sosegada. En el siguiente video puedes escuchar, en la voz de Danny Rivera, una versión de "La borinqueña" de Rodríguez.


Y a continuación ofrecemos sus poemas incluidos por Aniceto Valdivia,“Conde Kostia”, en Arpas cubanas (1904). Recordemos que  la obra de Rodríguez es considerada parte de la literatura de Cuba.


 
"A Arecibo."


Nieves Xenes

Retrato de la escritora cubana Nieves Xenes

Nieves Xenes fue una poeta cubana autodidacta, nacida en 1859 y fallecida en 1915. Sólo cursó la primaria, pero eso no obstó para que llegara a ser miembro de número de la Academia de Artes y Letras. Sus textos circularon en publicaciones periódicas de la época, algunas de ellas de renombre, como La Habana Elegante, El Fígaro y Cuba y América. 

En el año del fallecimiento de Xenes su obra fue compilada en un volumen editado por la escritora, periodista y traductora Aurelia Castillo de González, quien fundó en Cuba la Academia de Artes y Letras. Como otros intelectuales, Castillo señaló el carácter huraño aunque sereno de Xenes, sintetizado en esta anécdota que viene en el prólogo del mencionado volumen:

Fragmento del "Prólogo" de Castillo en Poesías (Habana: Imprenta "El Siglo XX" de Aurelio Miranda, 1915).. El coloreado no es del original; es nuestro.

Durante los veinte años se codeó con las élites intelectuales de Cuba. Se sabe que asistió a las tertulias literarias organizadas por los políticos y escritores Nicolás Azcárate y José María de Céspedes [¿y Orellano?]. Sin embargo, de la vida y la obra la poeta ha pasado a la posteridad sobre todo lo relativo a un supuesto amor secreto que inspiró su poema más conocido "Una confesión". La misma Xenes tuvo poco esmero en reunir su obra y difundirla, pues se dice que hasta perdía sus papeles, si bien sus contemporáneos se cuidaron de salvarla del olvido absoluto. Los poemas de Xenes, a quienes algunos consideran más romántica y otros más modernista, fueron incluidos en parnasos fundacionales de Cuba y El Caribe.