¡Aquí
están, padre amado, ya hemos visto,
la
santa casa donde tú naciste,
las
rocas que de niño tú escalaste,
los
sitios que en tu infancia recorriste,
y
los rincones donde tú jugaste!
Aquí
está todo igual: la escalerilla
que
conduce al granero, las tuneras,
el
campo siempre fértil cultivado,
y
la cueva y la era. ¡Si los vieras
dijeras
que los años no han pasado!
Aquí
está todo igual: allá a lo lejos
el
mar lanza sus olas con orgullo,
¡parece
que a la dicha nos convida!
¡parece
que nos besa con su arrullo!
¡parece
que nos da la bienvenida!
Aquí
están tus amigos todavía,
y,
¡con cuánta ventura recordaron
las
horas que a tu lado transcurrieron,
