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El ave y el nido, de Salomé Ureña



¿Por qué te asustas, ave sencilla?
¿Por qué tus ojos fijas en mí?
Yo no pretendo, pobre avecilla,
llevar tu nido lejos de aquí.

Aquí, en el hueco de piedra dura,
tranquila y sola te vi al pasar,
y traigo flores de la llanura
para que adornes tu libre hogar.

Pero me miras y te estremeces,
y el ala bates con inquietud,
y te adelantas, resuelta, a veces,
con amorosa solicitud.

Porque no sabes hasta qué grado
yo la inocencia sé respetar,
que es, para el alma tierna, sagrado
de tus amores el libre hogar.

¡Pobre avecilla!  Vuelve a tu nido
mientras del prado me alejo yo;
en él mi mano lecho mullido
de hojas y flores te preparó.

Mas si tu tierna prole futura
en duro lecho miro al pasar,
con flores y hojas de la llanura
deja que adorne tu libre hogar.


Fuente: Poesías de Salomé Ureña de Henríquez.
** La edición es mía.

Photo via Visual hunt

Salomé Ureña en la revista Hojas selectas

El muy probable que a los lectores de hoy el apellido Ureña nos remita de inmediato a la figura de Pedro Henríquez Ureña, uno de los grandes intelectuales americanos, o acaso a la de Max y Camila (también escritora e intelectual), sus hermanos. Sin embargo, durante la segunda mitad del siglo XIX y los primeros años del siglo XX, ese apellido remitía a una de las voces más importantes de la literatura hispano o latinoamericana, y en especial a la dominicana: la de Salomé Ureña Díaz, nacida en 1850 y fallecida en 1897. Es considerada la escritora más representativa de su país.

Salomé Ureña fue poeta y educadora. En 1880 se casó con el abogado, pedagogo y escritor Francisco Henríquez y Carvajal, nueve años menor que ella. El matrimonio tuvo cuatro hijos: Francisco, Pedro, Max y Camila, quienes también destacarían en el panorama cultural de su tiempo, e incluso más