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Nicolle Garay en Antología Panameña

Retrato de Nicolle Garay
Nicolasa de las Mercedes Garay Díaz (1873-1928), mejor conocida como “Nicole”, "Nicolle" o “Nicol”, fue una poeta, música y educadora panameña. Por la línea materna, descendía de educadores, y por la paterna, de músicos y pintores. Su padre fue Epifanio Garay Caicedo, músico y pintor (de hecho, uno de los pintores colombianos más importantes), y su hermano Narciso fue músico, diplomático, educador y escritor. A éste se debe la recopilación de los textos de Nicole publicados en Versos y prosas: 1873-1928, a dos años del fallecimiento de la poeta.

Garay recibió una esmerada educación desde muy temprana edad. Pasó buena parte de su vida entre Colombia y Panamá. También vivió unos años en Francia, gracias a la beca que recibió para continuar allí sus estudios. Al volver se dedicó a la literatura, la educación y la música. De 1921 a 1925 fue la directora del Conservatorio Nacional de Música y Declamación, actual Instituto Nacional de Música, de Panamá, convirtiéndose en la primera mujer en ocupar dicho cargo. Junto con Esther Neira de Calvo y otras figuras relevantes de la época, fundó la primera "Sociedad Nacional Feminista para el progreso de la mujer panameña".


La crítica literaria suele ubicar a Garay junto con los representantes del Modernismo en Panamá. La poeta obtuvo reconocimiento en su tiempo, y algunos poemas suyos fueron incluidos por el escritor panameño Octavio Méndez Pereira en Parnaso panameño, de 1916. Esta obra sirvió de base a “los editores” de Antología panameña, de 1926. En esta última aparecieron los poemas de Garay que ofrecemos a continuación. Esperamos encontrar pronto más textos suyos, y dejamos para otra entrada el sexistómetro de ambas compilaciones.

"Paisaje tropical" (En la boca del río Pacora)
y "Cantilena".

Rosario Orrego en Parnaso chileno

En 1871, José Domingo Cortés (1839-1884), de quien ya hemos hablado en una entrada anterior, publicó Parnaso chileno, en donde incluyó la obra de quince autores: diez varones y cinco mujeres. Una de ellas fue Rosario Orrego Castañeda (1834-1879), novelista, periodista y poeta.

En 1848, con apenas 14 años, Orrego se casó con el adinerado minero industrial Juan José Uribe, pero enviudó cinco años después. Tuvo cinco hijos con él, incluyendo a las también escritoras Ángela Uribe de Alcalde y Regina Uribe de Bañados. Tras enviudar, Orrego se mudó a Valparaíso e inició su carrera literaria hacia 1853. En 1874 contrajo matrimonio Jacinto Chacón Barrios, periodista y escritor.

Perteneció a la Sociedad de "Amigos de la Ilustración". Con su novela Alberto, el jugador, publicada por entregas en la Revista del Pacífico en 1860, se convirtió en la primera mujer novelista de Chile, y también fue la primera académica, debido al título honorario que recibió de la Academia de Bellas Letras de Santiago. Colaboró en periódicos y revistas de la época, como la Revista del Pacífico, cuyo segundo director fue Chacón. Fundó y editó la Revista de Valparaíso, que circuló de 1873 a 1874. En esta publicación aparecieron muchos de los poemas de Orrego, que en otro momento daremos a conocer en este mismo blog. Utilizó el seudónimo “Una Madre”, y también firmó sus obras como Rosario Orrego de Uribe, Rosario Orrego de Chacón y R. O.


A continuación ofrecemos los poemas que Cortés incluyó en Parnaso chileno.



"Plegaria."

Del cuidado a tener con las Jesús

En muchas ocasiones, para ahorrarnos un poco tiempo, quienes buscamos algo muy específico en varios cerros o gigabits de libros y periódicos, solemos recurrir a un invento maravilloso: los índices. Sin embargo, como todo en este mundo, tal invento tiene sus limitaciones. Una de ellas es que puede nublar más de lo que aclara. Para ilustrar esto podemos poner el ejemplo de Jesús. Por supuesto, no se trata aquí del Nazareno, sino del nombre propio, que puede usarse tanto para varones como para mujeres. Esto último, en una materia como la de nuestro blog, resulta espinoso.

Si revisáramos tan sólo los índices de obras como Parnaso peruano o Guirnalda salvadoreña, por dar un par de ejemplos concretos, fácilmente pasaríamos por alto la presencia de dos mujeres poetas: la peruana Jesús Sánchez y la salvadoreña Jesús López, de quienes estaremos hablando en futuras entradas de este blog.
Parte del índice de Parnaso peruano, publicado por José Domingo
Cortés en 1871. (El coloreado es nuestro, no del original)

Parte del índice del segundo tomo de Guirnalda salvadoreña, publicada en 1885
por Román Mayorga. (El coloreado es nuestro, no del original)

Por fortuna, los editores del parnaso y la guirnalda arriba mencionados se tomaron la molestia (¡no todos los editores o compiladores lo hacen!) de incluir unas breves notas biográficas que comunican al lector que “esos Jesús” son, en realidad, “esas Jesús”. Curiosamente, lo mismo ocurre, pero en sentido inverso, con nombres como Guadalupe, Trinidad, Paz, Ventura y hasta María.



Para evitar que lo anterior nos ocurra, en Escritoras de la América Hispánica intentaremos ofrecer, junto con la obra de las autoras que vayamos antologando, los pocos o muchos datos biográficos suyos que podamos encontrar. Esta labor no es siempre sencilla, porque algunas escritoras han quedado prácticamente en el olvido, pero merece la pena.

Aquí estamos, existimos, somos y sobreviviremos

La lectura ejercida por los críticos ha sido, fundamental aunque no únicamente, un modo de construir, destruir o preservar tradiciones. Y la tradición, ya lo sabemos, es el discurso de la memoria que se realiza desde el poder, tanto el hegemónico como el subalterno.
H. Achugar

En 1997, Hugo Achugar se propuso «leer la fundación poética del imaginario nacional en los distintos países de América a través de lo que llamo “parnasos fundacionales” o primeras antologías de carácter nacional posteriores a la Independencia». Pese al nombre, más o menos limitado, el corpus de parnasos fundacionales de la América Hispánica estaría integrado por un amplísimo abanico de géneros recopilatorios: liras, guirnaldas, selvas, flores, florestas, florilegios, ramilletes, antologías, aguinaldos, carteras, álbumes, colecciones, tesoros, joyas, etc. Como explica Achugar, éstos intentaban «salvar del olvido la escritura poética de nuestros antepasados» para, junto con ellos, afirmar «aquí estamos, existimos, somos y sobreviviremos», pero también pretendían otra cosa: «construir un imaginario, una nación».

En términos generales, un imaginario es el repertorio de elementos simbólicos y conceptuales de una tradición (también puede ser de un autor o una escuela). Para corroborar que dichos parnasos contribuyeron enormemente a la fundación de nuestros imaginarios nacionales basta con asomarse a las historias literarias que se escriben hoy en día: en casi todas figuran los mismos nombres de siempre; y la mayoría son hombres. En la siguiente imagen se advierte la diferencia significativa entre el número escritores y el de escritoras en uno de esos parnasos fundacionales: la Guirnalda salvadoreña (1884-1886), publicada en tres tomos por Román Mayorga Rivas. De los cuarenta autores incluidos, sólo cuatro son mujeres.

Aquí vemos la portada del primer tomo de la Guirnalda salvadoreña, de Mayorga.
No obstante, la proporción es respecto a los tres tomos de la obra

Conviene preguntar, entonces, cómo era la obra escrita por las mujeres del siglo XIX y de principios del XX, y por qué, salvo excepciones, no mereció ser salvada del olvido e incluida en el repertorio de elementos simbólicos de las nuevas naciones hispanoamericanas. Responder la segunda interrogante es muy difícil, pues implica analizar la mentalidad de la época tanto como conocer el gusto literario y los intereses estéticos de los diversos compiladores de los parnasos fundacionales. Por ejemplo, no deja de ser interesante que sí haya habido algunos libros recopilatorios de textos escritos por mujeres. De estos casos también hablaremos. Algunos de ellos son:


Poetisas americanas: Ramillete poético del bello sexo
hispano-americano
, de José Domingo Cortés.

Poetisas mexicanas: siglos XVI, XVII, XVIII y XIX,
de José María Vigil

Album poético-fotográfico de las escritoras cubanas,
de Domitila García de Coronado

Responder la primera interrogante, en cambio, es más o menos simple, gracias a las nuevas tecnologías, aunque siga siendo trabajoso. ¿Cómo era la obra escrita por las mujeres del siglo XIX y de principios del XX? Quizá la mejor forma de responder sea mostrando, literalmente, esa obra: recuperándola, difundiéndola, estudiándola. Eso haremos en este blog, dedicado a uno de los grandes olvidos de las tradiciones literarias de los países de la América Hispánica: la escritura de las mujeres.


Bibliografía


·         Achugar, Hugo. “Parnasos fundacionales: letra, nación y Estado en el siglo XIX”, Revista Iberoamericana 63.178-179 (enero-junio 1997): 13-31.